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Vejez y Final de la vida : Diagnóstico del EV: aspectos clínicos y éticos
Enviado por Administrador on 10/3/2005 18:49:01 (2234 Lecturas)

Forma parte de la cultura gene- ral que una lesión craneal a consecuencia de un serio traumatismo o una grave intoxicación, pueden dejar a la persona en situación de coma, es decir, con un cuadro clínico grave, caracterizado por la pérdida de la conciencia, de la motilidad voluntaria y de la sensibilidad, ausencia de actividad verbal, de respuesta a órdenes y estímulos, imposibilidad de abrir los ojos... conservando, sin embargo, la respiración, la circulación de la sangre y la diuresis.

El paciente no tiene conciencia de sí mismo ni de su entorno. Es incapaz de recibir o transmitir información a pesar de los ciclos rítmicos diarios de vigilia-sueño.


También es conocido el hecho de que estas funciones pueden recuperarse total o parcialmente después de un tiempo variable, gracias a la tecnología de las unidades de cuidados intensivos aunque, hasta época muy reciente, lo más probable era que a un estado de coma se sucediera la muerte del paciente. Por fortuna, muchos pacientes se recuperan de un coma en nuestros días, otros conservan la vida, pero, según el tipo de lesiones y el tiempo de permanencia en este estado, quedan secuelas residuales a las que tendrá que hacer frente el paciente ayudado por el entorno sanitario y familiar.

Hay un porcentaje reducido de pacientes que evolucionan hacia el denominado estado vegetativo persistente (EVPs), que puede llegar a ser permanente (EVP), de manera irreversible, con pérdida de las funciones cognitivas y de relación. La característica primordial de este síndrome clínico descrito en el año 1972 por los médicos intensivistas Jennet y Plum (1), es el estado de vigilia sin conciencia "wakefulness without awareness". El paciente, por tanto, no tiene conciencia de sí mismo ni de su entorno. Es incapaz de recibir o transmitir información a pesar de los ciclos rítmicos diarios de vigilia y sueño.

En estos enfermos se han perdido las funciones superiores cerebrales, es decir, de la corteza cerebral (hemisferios cerebrales), mientras permanecen, de manera completa o parcial, las funciones sujetas al control del tronco encefálico que no necesitan ninguna regulación cerebral. (Véase en el dibujo adjunto detalle del tronco encefálico). El diagnóstico fundamentalmente se basa en criterios de exploración clínica.



La existencia de este tipo de pacientes crea una problemática sobre las posibilidades terapéuticas (prácticamente nulas) y la conducta asistencial éticamente correcta.




La existencia de este tipo de pacientes crea una problemática, desconocida en épocas anteriores, sobre las posibilidades terapéuticas (prácticamente nulas) y la conducta asistencial éticamente correcta. Cada vez hay menos dudas desde el punto de vista del diagnóstico y del pronóstico. Aunque no existe ninguna prueba, test o exploración que permita un diagnóstico de absoluta certeza, se puede conocer mejor la evolución más probable de los estados vegetativos, en general, y de un individuo concreto, en particular.

En los últimos seis o siete años, entre los estados vegetativos persistente y permanente, se ha descrito el denominado Estado Mínimamente Consciente o de Mínima Conciencia. (2)

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