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Bioetica y Legislación : MOBBING INSTITUCIONAL
Enviado por titama on 23/3/2007 16:34:23 (2120 Lecturas)

M. Carme LLauger i Dalmau. Diplomada en Enfermeria, enferma de SFC. Fundadora-presidenta de la “Associació Gironina Síndrome de Fatiga Crònica”

http://agsfc.entitatsgi.cat

No quiero decir que las instituciones sufran mobbing, no. Me refiero al mobbing que sufren muchas personas por algunas instituciones, que dependen de la Administración, a causa de su enfermedad.
Los enfermos de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) sufren MOBBING.


Cuando van al médico, a su médico de familia, explicando lo que les pasa desde hace algún tiempo, y que pensaban que sería pasajero, pero que hasta ahora no encuentran remedio, les dice –el médico- (si tienen suerte) muy paternalmente: “Estás estresado/a, tómate unos días de descanso”.
Cuando la persona vuelve, al cabo de unos días, y dice que, a pesar del reposo, se encuentra igual, el médico –un poco más inquieto- le dice: “lo que pasa es que estás angustiado/a porque no vas a trabajar, estás de baja y tú siempre has sido una persona muy trabajadora y responsable. Tómate estas pastillas que te irán muy bien: Alprazolam…”
El/la enfermo/a vuelve a casa inquieto/a porque lo que le ha dicho el médico no es lo que él/ella nota. Pero si este médico que es tan amable y que le trata tan bien y que le da la baja sin que se lo pida…, le dice que eso es angustia… quizás tenga razón…? Empieza el Mobbing…
Pasan los días, y con el Alprazolam, la persona, además de la fatiga nota un mal estar en su cuerpo que tampoco sabe explicar: la boca seca, mal sabor, tristeza… Antes estaba cansado/a, pero no triste.
Vuelve al médico y le explica. Y el padre-médico le dice: “Mira, tendrás que aceptar que has iniciado un proceso depresivo. No te preocupes (esto es un acto terrorista: “no te preocupes” a quien lo está pasando canutas!) le pasa a mucha gente alguna vez en la vida y, cada vez más; son los tiempos que vivimos… Tómate esta medicación –le explica cómo- y, si de aquí a tres semanas no estás mejor, vuelves y te mando al especialista. Aprovecha para hacerte estas pruebas”: analítica, radiografías… (si todo es normal ya estás sentenciado/a).
El enfermo/a vuelve a casa, pero ahora sí que está angustiado/a!! ¿Cómo puede ser que me diga que tengo una depresión si yo sólo fui porque estaba muy y muy cansado/a? Yo tengo ganas de hacer cosas, de salir, de pasármelo bien…, pero no tengo fuerzas…, mi cuerpo no sigue mis deseos, mis inquietudes… Me noto como si fuera de plastelina; mis piernas me pesan quilos y mis brazos… uff!! Me tendré que cortar el cabello… no tengo fuerzas para lavármelo… No me puedo levantar de la cama y cuando lo hago, al poco rato, al sofá. Y, aun así me siento igual de cansado/a.
Esta situación de incomprensión me está haciendo sentir muy mal; pero no porque tenga una depre como cree el médico. Menos mal que no es de aquellos médicos que te clasifican de pesado/a, me escucha. Puede que yo sea culpable por no saber explicarme bien… ¡Seguro que la culpa es mía! Si me explicara mejor me entendería y no me diría lo que me dice…? Quizás las pastillas harán el milagro y podré volver a hacer mi vida, ojala!! Aunque yo no tengo ninguna depre… Quizás también sirven para otras cosas estas pastillas…?
Pasan tres semanas y el paciente/a vuelve al médico. Ahora mucho más fastidiado/a. Ahora sí que ya no sabe lo que le pasa… Llora de impotencia: “Doctor, estoy mucho peor, además de la fatiga (cansancio), ahora ya no se qué es lo que tengo…”

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