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Fundamentación de la bioética : Bioética y Psicología
Enviado por elidibar on 23/3/2007 16:29:14 (31290 Lecturas)

Dra. Elisa Dibarbora
Docente e Investigadora de la Universidad Nacional de Rosario - Argentina

La bioética, como disciplina autónoma, surge en los años setenta del pasado siglo XX y es definida “el estudio sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias biológicas y la atención de la salud, en tanto dicha conducta es examinada a la luz de los principios y valores morales”. Su aparición se debe principalmente a:
• Los vertiginosos adelantos en biotecnología.
• El creciente reconocimiento del derecho de las personas a tomar decisiones autónomas respecto a su salud.
• Los movimientos sociales que propugnan erradicar la discriminación de sectores de la población con elecciones de vida que se apartan de los rígidos estamentos legitimados durante los últimos siglos.

En tanto saber esencialmente multidisciplinario, y teniendo como objetivo “el estudio sistemático de la conducta humana” no cabe duda de que uno de sus pilares fundamentales está constituido por la perspectiva psicológica de temas tan dilemáticos como lo son los los referidos a la salud mental de los seres humanos.



Algunos bioeticistas consideran tan importante la presencia de la reflexión ética en el campo de la psicología y la psiquiatría, que proponen el término psicoética, entendiendo por tal : “el estudio metódico y sistemático de los problemas bioéticos que surgen en el ámbito de la práctica de la salud mental específicamente”


Principios bioéticos aplicados al campo de la psicología

La bioética – en tanto ética aplicada – tiene como tarea primordial, ofrecer un marco reflexivo de principios morales que sirvan de instrumento para la toma de decisiones y fundamento de las mismas en los casos concretos que se le presentan en la práctica cotidiana a un equipo de salud.
A partir del surgimiento de la bioética se establecieron cuatro principios que sirven de guía en los lugares habituales a los que llegan este tipo de problemas: los comités y las comisiones de bioética institucionales. Es aquí donde se discuten interdisciplinariamente los casos conflictivos. Los principios son:

- Principio de No Maleficencia
- Principio de Justicia
- Principio de Beneficencia
- Principio de Justicia

Aplicados al campo de la psicología en cada uno de ellos debemos atender a:

- No Maleficencia: Ética de la no – lesión.
Relacionada con la extrema vulnerabilidad que caracteriza al enfermo mental. Por ejemplo evitar internaciones por razones que clínicamente no están bien definidas.
Superar definitivamente la nefasta relación cárcel – manicomio en la que el ingreso a una institución sanitaria no responde a un objetivo terapéutico sino a un castigo y exclusión social.

- Justicia: Ética de la no – discriminación.
Promover la eliminación del estigma social relacionado con la enfermedad mental. Impulsar el acceso equitativo a una atención integral y de calidad tan relegado por las políticas de salud.

- Beneficencia: Ética del apoyo.
El paciente con disfunción mental ha sido históricamente el más afectado por la tradición paternalista. Precisamente su enfermedad – en mayor o menor medida – interfiere en su capacidad cognitiva y volitiva, predisponiendo al profesional tratante a tomarlo como sujeto pasivo. Lo éticamente correcto es valorar su grado de competencia y acorde a éste, integrarlo al proceso terapéutico.


- Autonomía: Ética del respeto.
Prioritariamente cumplir con la obligación de confidencialidad. Más que ningún otro profesional, el psicólogo es depositario de información extremadamente sensible. El paciente tiene derecho a una información veraz, comprensible y adecuada sobre su proceso de salud y su evolución. En todo lo concerniente a la esfera de su intimidad, se deben reforzar las medidas que conciernen al secreto profesional, especialmente cuando se trabaja dentro de una Red o equipo terapéutico, al evaluar diagnósticos, intercambiar informes o comunicar resultados.

Las obligaciones morales derivadas de los cuatro principios no son exclusivas de cada uno de ellos.
Todos tienen como objetivo considerar al paciente con trastorno mental con la dignidad propia de cualquier ser humano, desterrando para siempre los prejuicios discriminatorios instalados en la sociedad respecto a estas patologías.
Se debe reforzar la alianza terapéutica evitando el quiebre o fragmentación entre lo clínico y lo social. Teniendo siempre presente que de la dimensión psicológica dependen fundamentalmente la calidad de vida y la libertad existencial de los seres humanos.

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