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Experimentación con seres humanos : Bioética y experimentación con seres humanos
Enviado por Administrador on 21/2/2005 13:49:39 (36279 Lecturas)

La investigación con seres humanos es tan antigua como la medicina misma, pero no es hasta 1865, cuando el francés Claude Bernard publica el libro Introducción al estudio de la medicina experimental, que se produce un punto de inflexión en la historia de la experimentación humana.

Es Bernard, a través de su metodología científica basada, sobretodo, en el principio de beneficencia, quien empieza a romper con los prejuicios contra la experimentación humana. El reconocimiento y la admiración de todo el mundo al biólogo francés, por su tarea en el ámbito de la investigación medica, contrasta con la conducta abominable de los médicos nazis en los campos de concentración, durante la Segunda Guerra Mundial, que experimentaron con los deportados, sin tener en cuenta ningún principio ético, y mostraron, así, el aspecto más cruel y devastador de la medicina.

A raíz de estos hechos, el 9 de diciembre de 1946 se inicia en Nuremberg el proceso judicial contra los médicos alemanes que habían experimentado inhumanamente con los prisioneros retenidos en los campos de concentración. Los actos barbáricos de los médicos del III Reich consistieron, por ejemplo, en inyectar fenol por vía intravenosa a los deportados, someterles a baños prolongados de agua congelada, contaminarles voluntariamente con agentes infecciosos, hacerlos beber solamente agua salada del mar... desgraciadamente la lista podría ser mucho mas larga, y lamentablemente centenares de personas murieron en estos experimentos.

La aparición del Código de Nuremberg, con la novedad del consentimiento informado, tenia que combatir los abusos de la investigación, pero con el paso del tiempo estos continuaron y hasta se hicieron mas frecuentes. En los años 70 en los Estados Unidos se hizo público el carácter poco ético de muchos de los experimentos que se estaban realizado. Entre éstos los más célebres el caso del Jewish Chronin Disease Hospital, de Broolyn, Nueva York, donde se inyectaron subcutáneamente células cancerígenas a 22 pacientes ancianos sin su consentimiento, o el caso de la Willowbrook State School, una institución para niños retrasados de Staten Island, Nueva York, donde se infectaba de hepatitis a los niños recién ingresados, con el fin de encontrar una vacuna, o el celebre Estudio sobre la historia natural de la sífilis de Tuskeggee, o el escándalo de la talidomida, o... Es en este contexto que aparecen nuevos textos reguladores, con el objetivo de garantizar la protección de los sujetos de investigación, como la Declaración de Helsinki de 1964, que ha tenido sus correspondientes actualizaciones, y el Informe Belmont, donde se detallan los principios éticos básicos para la investigación y sus aplicaciones correspondientes.

Como resultado de la experiencia médica de la Alemania nazi, pero también del descubrimiento de prácticas de investigación desarrollada en países democráticos occidentales, unas y otras caracterizadas por su falta de respeto a los derechos humanos y a la dignidad de la persona, aparece en el transcurso del siglo XX un nuevo discurso sobre la investigación médica que pondrá especial atención en los peligros de la investigación, en la necesidad de su control y en el respeto a los derechos humanos de las personas que participen en la experimentación. En esta tarea de “control” juegan un papel muy importante los Comités de Investigación Clínica, que tienen como misión velar por la corrección metodológica, ética y legal de la práctica investigadora. Recordemos que en experimentación hay un principio ético básico que no podemos perder nunca de vista; “todo lo que no es científico no es ético, pero no todo lo que es científico es ético”.

Actualmente hay conciencia que la experimentación es necesaria para el avance de las ciencias médicas, pero la historia nos enseña que no podemos ser acríticos ante los procesos de investigación, la bioética debería servir, así, para mirar de no tropezar con los mismos errores del pasado, u otros de parecidos, y abrirse a nuevas líneas de investigación respetuosas con los derechos humanos y la dignidad de la persona.

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